domingo, 12 de abril de 2009

Embrujo en Granada,balcón de sentimientos

Como casi en los cuentos, podría comentar que el comienzo de esta historia es prácticamente de cuento, por la situación, por la sencillez del momento por la espectacularidad de las circunstancias, ¡sí se adivina que en Granada¡ Semana Santa, la ciudad cuya emanación de gases es prácticamente la obtenida del incienso y el espíritu de la ciudad está en su mayor magnitud religiosa. Sí, sí, rodeada de amigos, que hacía mucho que no veía, todo parecía el mejor paisaje para ser pintado por un pintor e incluso para la composición de una canción de las que se recuerdan y pasan a la historia. Ella, llena de ilusión, por las circunstancias y el morbo del momento, la inquietud del ¡¡qué pasará¡¡. Desfilaba la procesión un paso tras otro, todo solemne, sin pensar en ningún momento que nos estaba intentando envolver la magnificencia del momento, cuya celebración era centenaria y nosotros solo pensamos en otras emociones, tan negativas que manchaban ese instante de hermosura, sin pensar en lo bonito que hubiese sido disfrutar de aquello tan esperado por ella. Consiguió, al fin, no pensar en lo negativo, sino en lo positivo de las calles de Graná, de las sonrisas compartidas en la terraza cuyo balcón era una ventana a la hermosura, del paseo nocturno cuyo marco era la Alhambra y el embrujo de la Ciudad, de todas las sensaciones sentidas justo en aquellos instantes en ese paseo, en esa calle. Los acentos mezclados por orígenes diferentes enriquecía aún más la experiencia. Sensación, embrujo y unión de culturas.
Un comienzo de cuento para repetir, ella consiguió evadirse, soñar en otro encuentro de dos espíritus, allí mismo donde ella compartió su momento con él, donde por un instante apreció la dulzura de su conversación tan deseada, tan esperada pero tan falta de más, tan falta de mucho más. Esto es lo que ella consiguió soñar pasado todo, porque eso es lo que necesitaba, no la realidad que ya se la sabe de memoria, pero el sueño queda en su mente, aunque no exista la siguiente vez para poder realizarlo, y conseguir sentir tanto de lo que ella esperaba y no consiguió.
El sabor de boca amargo desaparecerá para dar lugar a la sensatez, de la que ella está tan harta, y que le obliga a tener los pies en la tierra, y sólo momentáneamente saborear aquello que la imaginación hubiese deseado que ocurriera. Pero para que realmente sea un cuento, habrá una segunda vez, que sí será diferente.

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